El impuesto invisible de la Colonia Roma

 

El impuesto invisible de los Franeleros, ¿es justo?

En la colonia Roma de la Ciudad de México está pasando algo que ya todos vemos como si fuera normal, pero que en realidad está mal, con el cual está el impuesto invisible de los Franeleros.

El espacio en la calle, que se supone que es de todos los ciudadanos, se está volviendo un negocio privado por culpa de los franeleros.

Esto es lo que podemos llamar como un “impuesto invisible”, porque aunque la ley dice que la calle es gratis, en la práctica tienes que pagar una cuota que nadie autorizó para poder estacionarte.

Cuando vas en tu carro por calles como Colima o Tonalá, es muy común ver cubetas o huacales apartando los lugares.

En cuanto intentas usar un espacio, se acerca alguien a decirte que “son 50 o 100 pesos” por dejar el coche ahí.

El problema es que, según la Ley de Régimen Patrimonial y del Servicio Público, las vialidades son bienes de uso común.

Esto significa que el asfalto es de toda la gente y ningún particular tiene el derecho de adueñarse de un lugar o de cobrarle a otros por usarlo.

Hay varios puntos importantes para entender por qué este cobro es ilegal.

El primero es el derecho al libre tránsito que está en el artículo 11 de la Constitución. Ese artículo dice que todos podemos movernos libremente por el país.

Cuando alguien te bloquea la calle o te exige dinero para dejarte estar ahí, está rompiendo esa regla constitucional.

Otro punto es que solo el gobierno tiene la facultad de cobrar por el uso del suelo, como pasa con los parquímetros legales.

Si un particular llega y pone su propia tarifa, está haciendo algo que no le corresponde.

Además, hay que recordar que las calles y el pavimento se pagan con los impuestos que ya dan nuestros papás o nosotros mismos.

No es justo que después de que ya se pagó por la infraestructura, alguien más quiera cobrarte otra vez por usar algo que es público.

Este “impuesto invisible” que se vive en la Roma solo demuestra que falta mucho orden de parte de las autoridades.

No está bien que la calle se convierta en una propiedad privada donde el que pone una cubeta se siente dueño del piso y de ahí sale el impuesto invisible de los Franeleros.

La vía pública es gratuita para todos y es importante que recordemos que nadie debería cobrarnos por ejercer nuestro derecho a ocupar la ciudad.

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