El balón regresa a casa del descontento social

Con el mundial encima, la Ciudad de México se embelleció con las remodelaciones estéticas a las diversas líneas del metro, sus nuevas paredes de color sólido o luces cálidas y tenue, en las calles por otro lado, el lema “el balón regresa a casa” que resuena entre las aturdidas avenidas y promocionales hechos con inteligencia artificial en los que se dice que México es “la capital del futbol” y la capital de alguna lucha social popular, entre ellas están los carteles de: los derechos humanos, las libertades (haciendo alusión a la libertad sexual) y el feminismo.

Estos carteles han causado controversia con el descontento social en masas que existe hasta el día de hoy en México, hay un promedio de ocho marchas diarias, y en los últimos dos años, 6 mil marchas. Los movimientos de justicia social con mayor presencia en México varían, pero todos, agricultores, feministas, madres buscadoras y camioneros buscan un mismo derecho, el de una vida digna.

El derecho existe, nuestra constitución la respalda, pero se ve debilitada cuando la inseguridad en las carreteras reporta que hay 29 robos (varios con violencia) diarios, los feminicidios pasaron de 11 al dia en toda la república a 13 en tan solo un año, hasta la mitad del año pasado se registraron 129 mil personas desaparecidas y no localizadas, en promedio, 40 personas que desvanecen diariamente.

Créditos: Mia Esqueda

El descontento social se ha hecho más que público y vocal, los noticieros o periódicos como La Silla, se plagan y dedican su propia sección a las manifestaciones diarias. En el Estadio Azteca, las paredes con promocionales de Coca Cola están intervenidas, o grafiteadas con consignas. La lucha por el acceso a agua después de que se reportara que FEMSA tiene un exceso de concesiones de agua y además de limitar el acceso público al agua, diversas comunidades indígenas y originarias se vieron desplazadas.

El balón regresa a casa, pero ¿a qué costo?. A la de 129 mil desaparecido, a la de la extinción y desplazamiento forzoso de personas indígenas y habitantes de colonos en áreas blanco para los Airbnb en La Roma, Condesa o Polanco, a las rentas imposibles con un salario mínimo que ni alcanza los 300 pesos.

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