Mientras uno toma su café y come sus chilaquiles más dulces que picosos en la banqueta pública, implicada pertenecer al restaurante y sin permisos de la alcaldía para invadir al peatón, puedes disfrutar del contraste sonoro de la Álvaro Obregón, entre los cubiertos chillando contra los platos y la música del señor que toca la guitarra y que espera su esfuerzo sea reconocido por ti y otros comensales, distráete, antes de que te llegue una cuenta el doble de cara que en cualquier otra parte con la justificación de que “lo que se vende es la experiencia”.

Aquí hay para todos los presupuestos y gustos, también siguen existiendo los puestos ambulantes, aunque están en peligro de extinción ahora que la alcalde de Cuauhtémoc Alessandra Rojo de la Vega decidió que ya no se ven lindos y no pagan impuestos, como si el 55% de los trabajadores no fueran informarles en México y miles de mexicanos tengan que recurrir como última solución al “trabajo callejero”.
Si caminas un poco más te encontrarás con anuncios del mundial, algunos intervenidos y pintados por los “revoltosos” que piden libertad por un país al otro lado del mundo, como describió Sheinbaum durante múltiples mañaneras, pero que este sea tu recordatorio que México estará ante los ojos del mundo por ser una de las tres sedes mundialistas y en donde empezarán los primeros partidos.
Entonces hay que embellecer México bajo los dictámenes euro céntricos y hegemónicos, quitar los puestos ambulantes, en los que cientos de trabajadores se paran en una fila y piden de comer, algo llenadero, que de energía suficiente para aguantar las horas de espera en el metro después de que cerraran múltiples entradas y estén en reparación varias líneas por remodelación.

También hay que hacer México accesible, pero no poniendo regulaciones en los precios de renta y venta, ni preocuparse por las expropiaciones sobre explosivas de agua por parte de Nestlé en Michoacán y de FEMSA en toda la república, porque ambos son patrocinadores del mundial y por ellos tendremos futbol, mejor, en nombre del progreso y multiculturalismo los menús de lugares que el salario mínimo no puede pagar deberán ahora estar en inglés, los meseros tendrán que saber y hablar un idioma ajeno.
México está perdiendo su cultura e identidad dentro de su propio país, no se puede decir que hay una diversidad cultural y que está bien si corrieron a más de 4 mil familias de sus hogares para abrir espacio a los inrentables Airbnb.
Casi al final, apunto de doblar la esquina de la Álvaro Obregón, el contraste sonoro entre los caminantes que hablan en inglés, los desesperados carros y fuertes ladridos, el estruendo de los choques entre botellas que está separando el señor de la basura te regresa a tu precaria realidad.

