El nuevo informe de Unicef reveló un cambio histórico: la obesidad en niños ya es más común que el bajo peso, lo que representa un giro preocupante en la salud mundial. La desnutrición dejó de relacionarse únicamente con la falta de alimentos; ahora se vincula también con la mala calidad de lo que se consume.
De acuerdo con el documento, el 9.4% de los menores de entre 5 y 19 años vive con obesidad, lo que equivale a unos 188 millones de casos en todo el mundo. En el año 2000, la cifra era de apenas un 3%, lo que demuestra un incremento alarmante. En contraste, el bajo peso ha ido reduciéndose, mientras la obesidad en niños crece de manera acelerada.
Los especialistas en salud atribuyen este fenómeno a varios factores: el consumo masivo de alimentos ultraprocesados, el bajo costo de productos altos en azúcares y grasas, y la publicidad dirigida a menores. Además, en comunidades de bajos ingresos, lo más barato y accesible suele ser lo menos nutritivo, lo que agrava la situación.
Las consecuencias no son menores. La obesidad en niños incrementa el riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, hipertensión y problemas cardiovasculares desde edades tempranas. También se asocia con afectaciones emocionales y dificultades en el desarrollo cognitivo.
Unicef advierte que revertir esta tendencia requiere medidas urgentes. Entre sus propuestas destacan: etiquetado claro de alimentos, límites a la publicidad de comida chatarra, impuestos a productos poco saludables y programas que faciliten el acceso a frutas, verduras y proteínas de calidad.
La organización subraya que proteger la salud de la infancia exige un esfuerzo colectivo entre gobiernos, familias y sociedad, ya que está en juego el futuro de millones de menores.
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