Violencia contra trabajadoras del Metro

Nuestro único delito es trabajar […] nadie escoge por gusto trabajar de esto”, explicó Patricia Martínez, ex trabajadora en los vagones del metro, coloquialmente conocido como “vagonera” quien se expone diariamente a la violencia sistemática.

Dentro del grupo ya marginado de mujeres, acorde a las estadísticas del Instituto Mexicano para la Competitividad, el 55% de las mujeres se ven obligadas a practicar el trabajo informal por necesidad para sostener un hogar, y una de las opciones es el trabajo en el metro a pesar de no estar permitidas. Desde cantantes, cuenta cuentos, payasitas y vagoneras, la diversidad laboral es amplia para las estrechas líneas del metro de la Ciudad de México.

Patricia Martínez, fundadora de la organización Leonas en Manada y ex vagonera, explicó que ella encontró un espacio laboral que la dejara ejercer y maternar al mismo tiempo dentro del Metro al trabajar vendiendo productos misceláneos. Aunque esta no es una situación del todo ideal, ya que la carga es triple. Entre el bebé en vientre, la mochila con las necesidades y herramientas de cuidado para su otro bebé y la mercancía, las ya largas y exhaustas jornadas se volvían más peligrosas y vulneran sus derechos.

La brecha laboral es un problema que sigue latiendo en México, los resultados de una investigación de 2025 hecha por el IMCO ninguna entidad Federativa ofrece condiciones laborales óptimas para que las mujeres participen y se desarrollen en el mercado laboral.

Harta de la violencia sistemática y falta de apoyo, Patricia fundó a Leonas en Manada, una colectiva para las mujeres comerciantes y artesanas trabajadoras del metro que tiene como objetivo la lucha de los derechos laborales y formar una red de apoyo no solo de acompañamiento, sino también de asesoría legal, educación y talleres, y en sus palabras, “un lugar seguro y de distracción del trabajo”.

Las mujeres enfrentan todos los días la posibilidad de ser acosadas, y el metro es un foco para violencia de género. Por ejemplo, en la línea de Chabacano, en 2025 se reportaron 296 casos de agresiones sexuales contra mujeres. En el caso de las vagoneras, la policía que no solo no las protege sino que también sirve de opresor, y esto pone en mayor riesgo su integridad.

Es muy difícil [defenderte contra la agresion de un pasajero] porque el usuario siempre tiene la razón”. Ya que el trabajo es informal y no está permitido por el mismo reglamento del Metro, existe un hueco legal que permite violencia de parte de usuarios y seguridad contra las trabajadoras con muy poco espacio para la defensa.

Las trabajadoras son un blanco para el personal de policías del metro, no solo existe la corrupción de pedir una “mordida”, la violencia y brutalidad policiaca o las multas que terminan devorando las ganancias de todo el día, también existe el riesgo de ser arrestadas y en el caso de las mamás que tienen que llevar a sus hijos, perderlos.

Mientras que existe una sede del DIF dentro del metro llamada grupo colibrí, las trabajadoras prefieren tener a sus hijos cerca, ya que no solo hay un grave nivel de negligencia arquitectónica por falta de baños por ejemplo, sino que también tienen protocolos muy vagos. La falta de registros sobre quien entra, quien sale y quien se lleva a los hijos, crea preocupación entre las mamás por miedo a que sus hijos sean victimas de desaparición, violencia sexual o negligencia sanitaria.

Patricia relató que cuando entró a trabajar, por inicios de los 2000s, el Metro empezó una campaña de desprestigio contra los vendedores, le advertía a los usuarios que su trabajo no era vender, sino robar, incito miedo y discriminación y condenó al usuario por comprar la mercancía de los comerciantes.

Estas campañas de odio y desprestigio, criminalizaron trabajadores que buscan de manera moral una fuente económica, y generalizaron una idea errónea. Patricia que conoce a mujeres que trabajan en las múltiples líneas, cuenta que “los que hacen revuelto son un número pequeño comparado con nosotros”.

Leonas en Manada también tiene como objetivo dignificar la labor de las vagoneras, ya que después de las campañas, los usuarios dejaron de comprarles mercancía y el respeto hacia ellas fue disminuyendo por prejuicios erróneos.

Norma Rivera es una mujer que lleva 15 años trabajando como vago era principalmente en la línea 3 del metro de la Ciudad de México, ha sido violentada por las autoridades del metro. Hace algunos años ella y su hijo se enfrentaron a policias después de que injustamente fueran detenidos como ella lo pone “solo por ser vagonera”.

Maternar y ejercer un trabajo de manera segura y digna no debería de ser un privilegio, es un derecho humano, “Solo queremos pedir que podamos trabajar sin violencia y no nos quiten a los niños”.

 

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