Los Videojuegos Deben Ser Considerados Patrimonio cultural

Los Videojuegos Deben Ser Considerados Patrimonio cultural

Los videojuegos deben ser considerados patrimonio cultural, como forma de expresión artística y pieza clave de nuestra identidad digital contemporánea. forman parte del día a día de muchas personas a nivel mundial, mientras evoluciona esta industria nos queda más claro su impacto cultural.

En primer lugar, España ha dado un paso histórico en 2025 al aprobar en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados una reforma legal que reconoce explícitamente los videojuegos como patrimonio cultural. La nueva normativa sobre depósito legal obliga a la Biblioteca Nacional a conservar al menos una copia digital (y física, si existe) de cada juego desarrollado en el país. Con esto, los videojuegos deben ser considerados patrimonio cultural al mismo nivel que libros, películas o música, garantizando su preservación oficial.

Este avance legal se suma a la iniciativa previa en España desde 2009, cuando el Congreso reconoció que los videojuegos constituyen un ámbito fundamental de la creación cultural, distinto tanto de la obra audiovisual como del mero software. Con esta segunda reforma, el marco jurídico refuerza su calidad como bien cultural integral y urgente de preservar.

En segundo lugar, el riesgo de pérdida es apremiante. Un estudio muestra que menos del 13 % de los videojuegos lanzados antes de 2010 siguen siendo accesibles legalmente en plataformas modernas, y la cifra desciende al 4 % en entornos obsoletos. Este deterioro irreversible exige que los videojuegos deben ser considerados patrimonio cultural antes de que desaparezcan definitivamente. Su conservación ya no es mera política cultural, sino una urgencia histórica.

Además de España, existen ejemplos internacionales que refuerzan el argumento. Aunque no hay una inscripción formal bajo UNESCO para videojuegos, el modelo de salvaguarda de juegos tradicionales como patrimonio cultural intangible ha tenido gran éxito. Programas como Tocatì en Italia, Bélgica, Francia, Croacia y Chipre han sido reconocidos por UNESCO como buenas prácticas en la preservación de juegos tradicionales dentro del patrimonio inmaterial. Otros esfuerzos como los Nomad Games en Asia Central han revitalizado juegos locales documentándolos y transmitiéndolos como parte de la identidad cultural colectiva.

En Latinoamérica, México destaca con un ejemplo concreto y premiado: desde 2019, el INAH organiza un Game Jam para la conservación del patrimonio cultural, desarrollando videojuegos y juegos de mesa enfocados en la preservación de sitios arqueológicos, arte rupestre o patrimonio paleontológico. En su edición de 2024, estos juegos se exhibieron en el Palacio de Chapultepec y están disponibles gratuitamente online. La iniciativa ganó en 2022 el prestigioso Keck Award del IIC, por fomentar la conservación a través del juego interactivo.

Es claro el valor educativo y cultural que pueden ofrecer, los videojuegos permiten recrear entornos históricos, arqueológicos y patrimoniales de manera inmersiva, capturando audiencias jóvenes que no se acercarían a través de los medios tradicionales. Los participantes desarrollan conciencia histórica, valores sobre conservación, y vínculos con su identidad cultural.

Un estudio universitario en España sobre Assassin’s Creed reveló que los estudiantes adquieren una comprensión más realista del patrimonio cultural al interactuar con entornos recreados con precisión, conectándolo con aprendizaje formal y reflexión ética. Este ejemplo encaja perfectamente en el tercer pilar: la función cultural y educativa. Por eso los videojuegos deben ser considerados patrimonio cultural, no solo como entretenimiento, sino como herramienta pedagógica y reflexiva.

Asimismo, en Alaska, la comunidad nativa Iñupiaq desarrolló Never Alone, un videojuego basado en mitos y tradiciones locales. Co-creado con desarrolladores y líderes comunitarios, logró transmitir la cultura tradicional al público global con autenticidad. Es un caso paradigmático de cómo los videojuegos pueden servir de plataforma para salvaguardar formas de conocimiento ancestral y promover la representación cultural de grupos indígenas.

Contar con respaldo legal, iniciativas institucionales y estudios académicos demuestra que los videojuegos deben ser considerados patrimonio cultural con urgencia. Reconocerlos formalmente implicaría garantizar su conservación, incentivar su estudio interdisciplinar y visibilizar el impacto cultural y educativo que ya ejercen.

Hoy se abre una ventana de oportunidad en todo el mundo: seguir el ejemplo de España, promover políticas en Latinoamérica y otras regiones, y generar programas nacionales que integren el videojuego en los archivos culturales, museos digitales y programas educativos. Convertir esta forma de arte interactiva en patrimonio vivo es importante no solo por su valor simbólico, sino porque muchas creaciones ya están en peligro de desaparecer sin dejar huella.

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