Tecnofeudalismo: la nueva etapa del capitalismo

Como consecuencia del rápido desarrollo de la tecnología, la sociedad se enfrenta a nuevos problemas, las jerarquías y organización social están siempre cambiando. El sistema capitalista por el que nos regimos actualmente, también está en una transformación constante, donde algunos expertos en economía proponen que, en un mundo digital, no somos dueños de nada.

En la última década el término tecnofeudalismo se popularizó, ya que su voz principal es la de Yanis Varoufakis, economista y escritor del libro “Lo que mató al capitalismo, tecnofeudalismo”, este trata sobre cómo en el nombre del progreso, el capitalismo se mató solo, además habla sobre la digitalización del contenido y el acceso a permisos, licencias y media.

Es una exageración dictar que el capitalismo está muerto, en cambio, esta evolución que pasa de los monopolios como empresas físicas e industrias está pasando por un proceso de digitalización. Lo que propone el tecnofeudalismo es que el capital ahora se centre en los sitios web, algoritmos y aplicaciones.

Así como existe el término capitalista para referirse a aquellas personas que son los mayores proveedores de capital (en un territorio determinado o globalmente), básicamente aquellos dueños de las grandes empresas, dentro del tecnofeudalismo se les reconoce como “cloudistas” haciendo referencia al servidor de la nube dónde se almacena información. Por ejemplo, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg o Reed Hastings serían categorizados como cloudistas.

Más que dueños, fundadores, presidentes o directores de estas empresas, ellos son dueños del algoritmo, y el dinero se hace prácticamente solo, ya que estas plataformas viven a base de contenido (o en su caso, productos) ya creados, que alguien (en el caso de películas productores y en productos vendedores) puede subir a estas plataformas para promocionar.

Por ejemplo, en el caso de Mark Zuckerberg, siendo dueño de todas las aplicaciones de Meta, solamente requiere de usuarios que pueden crear una cuenta propia de manera gratuita y participen aunque sea de manera no activa. Inclusive el caso de los usuarios que no se dedican a crear contenido para esta plataforma y solo lo utilizan de forma banal, también le generan ingresos.

Las demás empresas, emprendedores independientes, los mismos creadores de contenido o artistas, tienen la opción de pagar por publicidad en las plataformas, estos anuncios llegan a los usuarios de manera personalizada, basada en sus últimas búsquedas y en el contenido con el que interactúan. Es por esto que a pesar de que tú como persona no comentes, el simple hecho de scrollear genera dinero.

Para entender cómo funciona esto, tenemos que explorar cómo sirve este “medio de producción”. El primer paso es el más importante, ya que es el gancho a atraer usuarios, y es el de obtener la atención, para esto se tienen que tener en cuenta las tendencias y la audiencia objetivo, para poder pasar al segundo paso, manufacturar deseos, esto se refiere a hacerle creer al usuario que lo que está viendo lo necesita, sea la blusa que trae la persona del video o algún producto que esté patrocinado.

El tercer y ultimo paso es más directo y aquí entra en juego las alianzas estratégicas que existen entre empresas y es la venta directa, a través de un solo click puedes ir al sitio web y empezar tus compras (inclusive hay veces como en el caso de tiktok, donde se puede comprar directamente en la aplicación sin cambiar de pestaña).

Instagram por ejemplo, es una aplicación de interactividad a nivel no solo comunicativo sino estructural y funcional, cualquier persona que publica, comenta o da me gusta a contenido que hace a la plataforma, y sin ellos Instagram no sería la aplicación que es ahora.

Tomando el caso de Jeff Bezos y enfocándonos en Amazon como un sitio de compras y no una plataforma de streaming, esta aplicación se sostiene a base de aquellas personas o empresas con cuentas (de paga) enfocadas a vender, aunque el cliente no se salva. Si tú compras un artículo y decides dejarle una reseña no solamente es una acción voluntaria, estás creando un tipo de contenido, sea una calificación, una foto y una reseña de unos cuantos renglones es alimentar al algoritmo.

En resumen, hay una labor no remunerada por parte de los usuarios para los dueños de estas plataformas digitales, tanto así que ellos son su principal fuente de ingresos, y esta no es la única manera en la que el tecnofeudalismo.

Esta no es la única manera en la que se expresa el tecnofeudalismo, también se disfraza de subscripciones que encadenan al usuario con la trampa de las pruebas gratuitas, la “compra” de contenido digital y la propiedad digital.

Antes de que existieran las plataformas de streaming para poder ver una película tenías que ir directamente al cine, o si la nostalgia te llenaba, podías visitar tiendas donde vendían y rentaban películas en diferentes formatos, desde casetes hasta DVDs, el contenido estaba preservado en medio físico.

Con la llegada de estos servicios por internet y la accesibilidad de “compra” y descarga de películas y series, tenemos la facilidad de disfrutar de estos en cualquier momento en donde queramos, pero esta “compra” en realidad no nos hace dueños del contenido por el que pagamos, es importante notar que así como es con las películas y series, este mismo problema se presenta en la música.

A diferencia de los medios físicos, que se pueden regalar o vender de manera legal (sin recurrir a la piratería), los medios digitales no pueden ser transferidos ni vendidos. Ahora nos encontramos en la era post posesión, haciendo referencia a que ahora solo se paga por el acceso a contenido, más no a su propiedad.

Esto es la doctrina de la primera venta, básicamente establece que no puedes hacer copia o pasar por tuyo contenido lo de alguien más, al igual que la piratería es ilícita. Como quiera, una vez que compras por ejemplo, un libro, lo puedes regalar o vender, el objeto te pertenece, más no el contenido de este.

Hoy en día la técnica que se usa para enganchar al usuario son los llamados micropagos, su efectividad se debe a que es muy barato y accesible, y este te permite acceso a una infinidad de contenido.

Igualmente las subscripciones son un método fácil de enganche. Es fácil olvidar cancelarlas ya que sus pagos son continuos; además, las subscripciones varían al momento de su accesibilidad en cuestión de dispositivos. Por ejemplo en Spotify tanto para cancelar como para contratar una suscripción tienes que acceder desde el sitio web directamente en vez de hacerlo en la aplicación, y para cancelarla es el mismo procedimiento.

Es importante hacer un paréntesis acerca de las subscripciones, y es que la crítica se tiene que adaptar a su contexto, por ejemplo, no es igual pagar una subscripcion de Spotify que no es dueño ni productor de la música que está disponible en la plataforma, a pagar una suscripción para acceder a contenido exclusivo o antes de tiempo con creadores de contenido en plataformas como Patreon.

Mientras que la suscripción de aplicaciones como Spotify o Netflix te permiten accesar a contenido hecho por otras personas, en el caso de Patreon, tu suscripción se traduce al aseguramiento de creación de más contenido, ya que estas personas directamente ganan por las membresías.

Otra forma de expresión de este modo de enganche son las licencias, por ejemplo en las aplicaciones de edición puedes crear o mejorar contenido con herramientas que están limitadas a solamente el grupo de personas que paguen por usarlo. Su diferencia es clave, estas se enfocan en herramientas para crear, mejorar o simplemente hacer uso de para contenido ya creado, no genera un nuevo contenido.

Es importante estar conscientes de nuestros derechos digitales, estos no solo nos sirven como guía sobre cómo navegar las redes sociales, sino nuestros límites y,~ sobre todo, entender el momento en el que contratamos un servicio, “compramos” contenido o pagamos una licencia, solamente se paga por el permiso de utilizar o visualizar lo que consumimos.

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