El mariscal Josh Allen encabezó una victoria contundente de Buffalo Bills sobre Pittsburgh Steelers, gracias a un récord histórico impulsa el triunfo de Bills cimentado en su juego dual: por aire y por tierra. Allen rompió el récord de touchdowns terrestres por carrera de mariscal en la historia de la NFL con su acarreo número 76, en un partido resuelto 26-7 ante unos Steelers que simplemente no pudieron contener la ofensiva de Buffalo.
Desde los primeros minutos, los Bills impusieron su plan: a pesar de no contar con sus tackles ofensivos titulares y enfrentar vientos fuertes que complicaban los pases, apostaron sin dudar por el juego terrestre. El corredor James Cook llevó la carga con 144 yardas en 32 acarreos, mientras Allen aportó 38 yardas con sus piernas, formando un tándem imparable. En total, Buffalo rindió 249 yardas por tierra y controló la posesión por cerca de 42 minutos dentro de un escenario donde el pase era una apuesta riesgosa.
El quiebre definitivo llegó en el cuarto periodo: con la defensa de Pittsburgh ya contra las cuerdas, Allen corrió ocho yardas hasta la zona de anotación y rápidamente dejó atrás al antiguo dueño de la marca: Cam Newton. Además, previamente, una captura de Joey Bosa sobre el mariscal Aaron Rodgers provocó un fumble que fue recuperado por Christian Benford, convirtiéndose en touchdown para Buffalo — otro síntoma del dominio absoluto — junto con un pase a Keon Coleman que amplió la ventaja.
Mientras Buffalo celebraba, los Steelers quedaban sumidos en una crisis ofensiva y defensiva casi total. Rodgers, que regresó tras fractura en la muñeca izquierda, terminó con números pobres (10 de 21 pases para 117 yardas), y su reemplazo — Mason Rudolph — apenas duró una serie antes de lanzar una intercepción. En ese contexto, la superioridad de los Bills no dejó lugar a dudas. Además, Buffalo reafirmó que con su juego terrestre y una defensa eficaz puede imponerse incluso con viento en contra y ausencia en su línea ofensiva.
Al final, ese récord histórico impulsa el triunfo de Bills no solo representa un hito individual para Allen, sino que simboliza la eficacia colectiva de un equipo que encontró su identidad a través de la tierra, la potencia y la convicción ofensiva.

