Lewis Hamilton atraviesa una auténtica pesadilla en el auto. El siete veces campeón del mundo de Fórmula 1 reconoció sentirse “atrapado en una pesadilla” tras un nuevo desastre en el Gran Premio de Brasil, donde su Ferrari lo dejó fuera de competencia en la primera vuelta. Un choque con el monoplaza de Franco Colapinto dañó el alerón delantero y lo obligó a abandonar apenas iniciado el circuito, confirmando que su llegada a la escudería italiana está muy lejos del sueño que imaginaba.
La frustración es cada vez más evidente. Desde que se unió a Ferrari, Hamilton no ha logrado subir al podio en 21 carreras, algo impensable para un piloto acostumbrado a dominar la parrilla. Tras el incidente, los comisarios lo declararon responsable y le impusieron una penalización de cinco segundos y un punto en su licencia. Sin embargo, el británico restó importancia al castigo: “Cuando nada funciona, la sanción no cambia el hecho de que estás viviendo un mal sueño”.
El ambiente dentro del equipo es tenso. Hamilton intentó mantener la diplomacia al reconocer que su compañero Charles Leclerc “hizo un gran trabajo en la clasificación”, pero también dejó entrever que el monoplaza es inconsistente y difícil de manejar. “Hay potencial, pero no podemos controlarlo. Un día parece competitivo y al siguiente simplemente no responde”, afirmó. Su frustración evidencia una desconexión técnica y emocional con el coche, algo que Ferrari no experimentaba con esta intensidad desde hace años.
A pesar de todo, Hamilton asegura que no se rendirá. Confía en que la segunda mitad de la temporada pueda ofrecer un respiro y que el equipo encuentre soluciones. “Seguiremos luchando. Este es un periodo difícil, pero saldremos adelante”, comentó con resignación.
Aun así, la pesadilla en el auto continúa siendo la sombra que lo persigue en cada circuito: un recordatorio de que incluso las leyendas pueden quedar atrapadas en su propio sueño roto.

