En México muchos deportes se consideran especiales o como parte de la cultura, sin embargo lo que podemos confirmar es que en el mundo del pancracio, las luchas son un patrimonio de la humanidad, ya que han perdurado por generaciones y han logrado atraer a gente del extranjero y de otras partes de la Tierra debido a las emociones que deja.
Su gran legado tanto en pantalla chica como en grande, y su historia, el acercamiento con la gente y lo simbólico que ha hecho que nuestro país tenga credibilidad y cierta originalidad en cuanto a tradiciones y costumbres.
Muchos han cuestionado esta gimnasia como espectáculo físico atlético, pero la realidad es que cabe a la perfección en la palabra deporte ya que en México la Lucha Libre son parte de nuestra cultura, los lances, los topes, los mortales, la capas decorativas que combinan con el equipo cuando se lo ponen a la hora de luchar, las emblemáticas máscaras con sus diseños extraordinarios, que atrapan al espectador ya sea en su tele o en vivo desde el primer movimiento que cautiva y roban la atención del público que con una función los deja encantados.
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Si bien es cierto, también el futbol enamora y envuelve a millones de personas por todo el mundo, incluyendo México que al mencionar el juego de la pelotita, varios se reúnen y lo comentan y especialmente lo juegan, aunque en el caso de las luchas no se puede desarrollar como un juego normal debido a que es un deporte de contacto físico y puede ocasionar alguno que otro accidente, pero la realidad es que en cuanto al ambiente es mucho más tranquilo y más pasional, no solo porque permite desestresarse, sino porque se disfruta con una tranquilidad sin riesgos de agresión.
Con lo anterior dicho y ante la aprobación de la nueva administración de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), queda demostrado que las luchas son un un patrimonio de la humanidad y que su larga trascendencia seguirá marcando generaciones enteras que las dejara con ese gran sabor de boca al entrar a la Arena y ver a los luchadores haciendo las llaves, los candados, los topes, los lances, entre un sin de cosas que les llenara el corazón de alegría.

