En el año 2000, el director mexicano Alejandro González Iñarritu presentó una película en Cannes, a la cual nadie asistió. 25 años después, ese largometraje fue ovacionado durante 6 minutos en el mismo festival. El retrato de la vida urbana en ’Amores perros’ la convierte en una obra impactante que se desarrolla no sólo de manera honesta, sino cruda y profundamente humana.
’Amores perros’, dirigida por Alejandro González Iñárritu y escrita por Guillermo Arriaga, es una película del 2000 que muestra tres historias completamente diferentes con diversos personajes y sin relación entre sí, pero un evento trágico junta cada uno de los relatos y muestra el cambio radical que puede haber en un instante de la vida.
La obra de González Iñárritu destaca, entre muchas cosas, por el desarrollo psicológico y emocional de los protagonistas. Los personajes principales dentro de cada historia representan algo similar que encarnan de formas diferentes. Octavio es la juventud, los impulsos, la rebeldía y el escape; Valeria es la belleza superficial que muestra una vida construida a raíz de las apariencias y El Chivo, quien podría ser el personaje más complejo e intenso, es la culpa profunda y el deseo de redención por su pasado.
Por otra parte, la relación que hay con las clases sociales, la normalización de la violencia y los problemas interpersonales son fundamentales en la película, especialmente en una sociedad mexicana en donde estos obstáculos no sólo son comunes, sino que se intensifican con el paso del tiempo.
El retrato de la vida urbana en ’Amores perros’ es una manera desgarradora de presentar personajes marcados por la tragedia, la pérdida y el dolor, cada uno de manera distinta en las personas. La cinta es un referente en el cine latinoamericano debido a su narrativa cambiante y no lineal, que hacen de esta película una experiencia tensa, triste y, sobre todo, humana en su máxima expresión.
Ver esta publicación en Instagram


Un comentario en "El retrato de la vida urbana en ’Amores perros’"