Este sábado 28 de junio, la Ciudad de México fue escenario de la edición número 47 de la Marcha del Orgullo LGBTIQ+, que partió del Ángel de la Independencia y culminó en el Zócalo capitalino. Miles de personas se reunieron para conmemorar el Día Internacional del Orgullo, destacando la fuerza de la comunidad LGBTQ+ a través de una jornada que combinó celebración, protesta y visibilidad.
Desde las primeras horas de la mañana, contingentes comenzaron a concentrarse sobre Paseo de la Reforma. Portaban banderas multicolor, pancartas con mensajes de igualdad y atuendos llamativos que reflejaban la diversidad y el orgullo de la comunidad.
Durante el recorrido se alzaron consignas en contra de la violencia, los crímenes de odio y la discriminación, mientras los asistentes exigían respeto, inclusión y acceso a derechos para todas las identidades.
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Al llegar al Zócalo, se realizó la tradicional coronación del Rey y la Reina del Orgullo. En esta ocasión, Mariana Ochoa, exintegrante del grupo OV7, fue reconocida como “Reina Aliada LGBT 2025” y presentó su primer show como solista. Acompañada por miles de asistentes, la cantante ofreció una actuación que simbolizó la fuerza de la comunidad LGBTQ+ en el ámbito artístico y cultural.
El evento concluyó con un concierto gratuito que reunió a artistas de distintos géneros musicales. El escenario del Zócalo se convirtió en un espacio de expresión para drag queens, agrupaciones emergentes, colectivos activistas y celebridades que mostraron su respaldo a la causa. Bajo el lema “Diversidad sin fronteras: ¡Justicia, Resistencia y Unidad!”, la edición 2025 de la marcha reafirmó su importancia como plataforma de denuncia y visibilidad.
De acuerdo con cifras oficiales del Gobierno de la CDMX, se estimó la asistencia de aproximadamente 800 mil personas. La marcha se mantiene como una de las más grandes e influyentes de América Latina, recordando que la fuerza de la comunidad LGBTQ+ sigue presente y activa en la exigencia de derechos, equidad y reconocimiento.
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El recorrido no fue solo una caminata; fue una manifestación artística, política y emocional. Cada paso sobre Paseo de la Reforma dejó claro que las personas LGBTQ+ no están dispuestas a regresar al clóset ni a quedarse en silencio. Entre banderas ondeando, lentejuelas brillando y carteles con frases poderosas, la marcha se transformó en un acto de amor colectivo.
Durante horas, miles de personas marcharon con orgullo mientras coreaban consignas, abrazaban a desconocidos, se tomaban fotos y alzaban la voz por quienes ya no están. Hubo espacios para recordar a las víctimas de crímenes de odio, personas desaparecidas, asesinadas por su orientación o identidad, y también momentos de esperanza, donde se lanzaban mensajes de apoyo a las nuevas generaciones. La fuerza de la comunidad LGBTQ+ estuvo en cada mirada, en cada paso firme, en cada grito de justicia.
El Zócalo fue el gran punto de encuentro. Ahí, no solo se coronó a Mariana Ochoa como Reina Aliada LGBT 2025, sino que el escenario vibró con un concierto gratuito que mezcló géneros, talentos y causas. Participaron Raymix, JNS, Bruses, Esteman, Christian Chávez, Zemmoa, y muchas drag queens que demostraron que el arte también es resistencia. Cada artista aprovechó su tiempo en escena para mandar un mensaje claro: no hay vuelta atrás en la lucha por la igualdad. La fuerza de la comunidad LGBTQ+ se manifestó también en el baile, en las letras de las canciones, en el maquillaje, en los discursos breves, en las miradas que rompieron estereotipos.
Además, el evento se sintió mucho más inclusivo y preparado que en años anteriores. Hubo intérpretes de lengua de señas en varios puntos, zonas de descanso para personas con movilidad reducida, espacios seguros para personas neurodivergentes, y módulos de asistencia médica.
Las calles estaban vigiladas no solo por cuerpos de seguridad, sino por brigadas de voluntarios y colectivos que ayudaban a mantener el orden y brindar acompañamiento emocional. La fuerza de la comunidad LGBTQ+ también se vio ahí, en la organización entre pares, en el cuidado mutuo, en los detalles que buscan que nadie se quede fuera.
También se hizo notar la participación de activistas que llevan años trabajando desde lo legal y lo social para empujar reformas y políticas públicas que beneficien directamente a las poblaciones LGBTQ+.
Se escucharon demandas claras como el acceso a tratamientos hormonales gratuitos, respeto a las identidades trans en instituciones educativas, garantías laborales sin discriminación, y justicia para los casos de violencia sin resolver. Y aunque el ambiente fue festivo, en el fondo había una conciencia colectiva: la lucha sigue y la visibilidad no es suficiente si no hay cambios reales.
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Lo más poderoso fue ver la mezcla de generaciones: personas mayores que vivieron en tiempos de clandestinidad marcharon junto a adolescentes que hoy pueden salir del clóset con más seguridad. Familias completas acompañando a sus hijes, escuelas que se sumaron al contingente, y hasta empresas que, más allá del marketing, se involucraron desde el respeto y el compromiso. Esa mezcla de pasado, presente y futuro es prueba de que la fuerza de la comunidad LGBTQ+ no es pasajera: es histórica, es constante, es imparable.
Después de ver todo lo que ocurrió este sábado, queda clarísimo que la fuerza de la comunidad LGBTQ+ no solo está en la cantidad de personas que marchan, sino en lo que representan.
Es la fuerza de vivir sin miedo, de abrazar lo que somos, de acompañarnos en cada lucha, en cada duelo, en cada fiesta. Y mientras haya quienes resistan, se organicen y sueñen con un mundo más justo, esa fuerza va a seguir creciendo, gritando y brillando con más intensidad que nunca.

