“Para mí ambas cosas son fanatismo, son pasión por algo que te importa. Yo no veo ninguna diferencia real, lo único que cambia es la forma en que cada persona vive esa pasión. A mí me gusta BTS y esa es mi manera de relacionarme con algo que me hace feliz.” Valeria de 18 años compartió que a pesar de que BTS le ayudó en un momento muy difícil de su vida, también fue un tema del que evitó hablar por miedo al bullying. El fanatismo entre hombres y mujeres se vive de manera distinta, mientras que los hombres expresan su fanatismo y pasión sin ser juzgados, existe una doble moral social hacia a fanáticas o “fangirls”.
Desde los 60’s con el gran fenómeno de los Beatles, hasta grupos y artistas modernos de diversos géneros, la comunidad de chicas y mujeres fans ha resistido la doble moral social. Las fangirls, o antiguamente conocidas en algunos casos como groupies, son la comunidad de fans que genera una banda o artista musical, quienes han sido fuertemente criticadas por su nivel de fanatismo e inclusive tachadas como “exageradas” por el público general.
“Cuando mostramos entusiasmo o pasión por algo, se percibe como demasiado intenso, nuestras expresiones se vuelven mucho más visibles y por eso también son más criticadas”.

Mientras que el término fangirl se popularizó por la banda británica, su historia data desde 1844, el poeta Heinrich Heine utilizó el término “lisztomania” para describir la locura que explotaba entre la audiencia durante los conciertos del pianista húngaro Frans Liszt. Además, y como término propio, fangirl proviene de fandom, pero esta distinción no solo es una palabra compuesta diferente, sino es una separación completa del término fandom, en el ser mujer, te excluye de manera inmediata.
Por un lado, la celebración de (mayormente) hombres por los partidos de futbol, las reuniones en puntos importantes de la capital e inclusive el vandalismo que ocurre en estos festejos no son cuestionados ni puestos a un estándar, a las chicas se les llama exageradas por llorar durante su canción favorita, o como se vio en mayo en la Ciudad de México, quedarse fuera del Estadio GNP para cantar en comunidad junto a las demás ARMYS. Giselle Raya, licenciada en humanidades y experta en comunicación cultural explicó que “Las mujeres prácticamente toda la vida hemos sido oprimidas. Entonces es bastante evidente que también se repriman nuestros gustos por cualquier cosa”.

Valeria comentó que en su experiencia “Cuando los hombres muestran la misma pasión por algo, generalmente no reciben el mismo nivel de cuestionamiento. Creo que muchas veces se espera que lo de ellos sea considerado normal”.
La existencia de comunidades a través de gustos similares crea un sentimiento de pertenencia entre los fans y seguidores. Por ejemplo Valeria explicó que “gracias al fandom y a Twitter conocí an mis mejores amigos”. Una de las cosas que más le gusta de pertenecer al fandom es que “Reciben muy bien a cualquiera que quiera participar. A muchas personas dentro del fandom les gusta analizar las letras, los álbumes y los conceptos que desarrolla el grupo. Eso me ha ayudado mucho a conectar con otras personas”.
Dentro de estas comunidades se organizan eventos por y para fans de venta de merch, picnics e intercambio de freebies. “Sí, hace tiempo asistía sobre todo a bazares. Me gusta convivir con la comunidad. Siento que la mayoría de las personas son muy amables”.
Desde portar llaveros con fotos de su integrante favorito, hasta acampar por más de 24 horas para alcanzar un buen lugar en el concierto de su banda favorita, las fangirls muestran un compromiso por apoyar a sus artistas favoritos, que a pesar de que está practicando de acampar no solo sea entre swifties y armys, son a las únicas que les ha caído un sinfín de odio y criticas en internet.

La importancia de las fangirls no solo es el apoyo en línea y en la compra de boletos de sus artistas favoritos, también representa una manera de resistencia ante la lupa social y comportamientos exigidos por un sistema que no le gusta ver a la mujer fuera de las expectativas de género, en alas que sean sumisas, calladas, conformadas, como lo explicó Valeria desde su experiencia “todavía existe la idea de que una mujer debe ser callada, tranquila y mantenerse en cierto papel, como si tuviera que comportarse de determinada manera”.
A los hombres se les clasifica como apasionados, a las mujeres, como locas, a pesar de que ambos lloran al ver a sus ídolos triunfar en sus diferentes carreras, mientras hombres roban mantas de desaparecidos, las ARMYS y Swifties por ejemplo, organizan proyectos de fans, picnics e intercambio de cosas. La doble moral a la que se les sostiene a las fangirls ha cobrado víctimas cómo fue el caso de Fátima Mayte, estudiante de secundaria que era molestada por compañeros por su gusto musical hacia el K-pop.
Ser fangirl se ha vuelto más que expresar el gusto, admiración o amor por tu artista favorito, sino también un acto de resistencia. Giselle explicó que “Es un acto de emancipación. Es una forma de decirle al mundo: esta es una muestra de mi libertad. Es defender nuestros gustos frente a la misoginia”.

