El pasado fin de semana, vecinos de la colonia Roma Norte salieron a las calles para protestar contra lo que consideran una forma de desplazamiento silencioso: la gentrificación. La marcha, organizada por colectivos barriales y estudiantes, comenzó de manera pacífica pero terminó con momentos de tensión, confrontaciones verbales con turistas y daños menores en algunos negocios.
La colonia Roma en contra la gentrificación, bajo la consigna “Gringo go home”, la protesta buscaba visibilizar el impacto que el turismo extranjero y los llamados nómadas digitales han tenido en esta zona tradicional de la Ciudad de México.
Desde la pandemia, miles de extranjeros —principalmente de Estados Unidos y Europa— han llegado a vivir a la ciudad aprovechando el trabajo remoto, el tipo de cambio favorable y las plataformas como Airbnb.
Esto ha provocado un alza brutal en las rentas (muchas veces duplicando o triplicando los precios previos), el cierre de negocios locales y una transformación acelerada del espacio público.
“La Roma ya no es barrio, es escenografía”, dijo uno de los manifestantes.
¡Que asco de gente! Totalmente reprobable lo que acaban de hacer los “manifestantes” en la Roma y Condesa
Destruyeron Sartoria, Toscano, robaron todo en RIPNDIP y robaron la mercancía…@AlessandraRdlv pic.twitter.com/9D16Gp4fzO
— Mar FC (@bonitaycabrona) July 5, 2025
La presidenta Claudia Sheinbaum condenó los actos de agresión y señaló que “el problema no son las personas, sino un modelo económico que necesita regulación”. También admitió que es urgente replantear el uso del suelo, los alquileres turísticos y el acceso real a la vivienda.
Sin embargo, entre la protesta legítima y la rabia acumulada, también se colaron discursos que pueden rayar en la xenofobia. Y ese es un debate que, como comunidad universitaria, también nos toca analizar con cuidado.
Lo que pasó en la Roma es el síntoma de un proceso urbano profundo, que no solo ocurre aquí. La disputa no es solo por el metro cuadrado: es por la permanencia, la memoria barrial y el derecho a no ser desplazados.
La ciudad se vuelve cada vez más excluyente y el acceso a una vida digna se aleja. La gentrificación no es una moda, es una forma de violencia estructural.
Y si no se cuestiona ahora, ¿cuántos barrios más tendremos que perder?

