IPN proyecta Scott Pilgrim y gana la batalla cultural

El IPN proyectó una película que jamás pasa de moda. Ni la lluvia, ni los truenos, ni el cambio de planes lograron apagar la magia del cine. El pasado 18 de julio, el Instituto Politécnico Nacional (IPN) encendió los ánimos cinéfilos con una función gratuita de la película Scott Pilgrim vs. The World.


Aunque el plan original era disfrutarla como autocinema, el clima tenía otros planes. Las fuertes lluvias obligaron a mover todo al interior del Centro Cultural Jaime Torres Bodet, pero eso no evitó que los asistentes vivieran una noche inolvidable.

La cinta, dirigida por Edgar Wright y protagonizada por Michael Cera, es un clásico moderno que combina acción, humor, música y estética de videojuegos. ¿El resultado? Una explosión visual que conecta perfecto con la comunidad politécnica y los fans del cine alternativo.

El evento fue organizado por el Departamento de Cultura del IPN, con la intención de ofrecer a estudiantes, trabajadores y vecinos una experiencia diferente, divertida y totalmente gratuita. Y aunque no hubo autos como en un autocinema tradicional, sí hubo palomitas, carcajadas, y una sala llena de emoción colectiva.

“Nos hubiera encantado hacer el autocinema como estaba planeado, pero lo importante era que la función siguiera, lloviera o tronara. Y lo logramos”, compartieron los organizadores del evento.

Más allá de ser una película de culto, Scott Pilgrim vs. The World representa toda una generación: gamers, melómanos, románticos no convencionales y amantes de lo retro. La historia donde Scott debe enfrentar a los siete exnovios malvados de su nueva chica, no solo es entretenida, sino que también refleja lo caótico y divertido que puede ser crecer, amar y madurar en tiempos modernos.

Este tipo de eventos son cada vez más comunes dentro del IPN, que apuesta por llevar la cultura a todos sus rincones. Proyecciones, conciertos, talleres y exposiciones. La cartelera del Departamento de Cultura no se detiene.

Y sí, el autocinema falló por la lluvia, pero lo que nunca faltó fue el buen ambiente, la música, el sonido envolvente y la energía de quienes se quedaron hasta el final. La sala se convirtió en un refugio de cine, y la película, en un pretexto perfecto para conectar, reír y compartir.

¿Te lo perdiste? Quédate pendiente, porque el IPN tiene más sorpresas culturales en camino.

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