En La insoportable levedad del ser, Milan Kundera retoma el mito filosófico del eterno retorno, derivado de éste surge la pregunta: ¿qué es preferible la levedad o el peso? Desde el comienzo de la novela, el escritor checo plantea este dilema existencial como eje de su obra.
Si la vida se repitiera una y otra vez -en bucle-, cada acto o decisión tendría un peso insoportable, pero si vivimos solo una vez todo se vuelve efímero, casi irrelevante.
“Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad”, escribe Milan Kundera.
Así pues, se abren dos caminos; la levedad, que representa la libertad, pero a su vez la desvinculación de todo lo que compromete; y por el otro lado, el peso ofrece sentido, una necesidad existencial a costa de sacrificios.
A más de cuarenta años de su publicación, en un mundo en donde lo digital fomenta la ligereza en todos los aspectos, esa pregunta persiste. Sin embargo, la tecnología, le ha agregado un matiz a la cuestión.
Los personajes de la novela transitan estos senderos porque pretenden dar sentido a su vida, encontrarse en la libertad abrumadora o en las limitaciones del compromiso.
Tomás, por ejemplo, es consciente de su amor por Teresa, pero no quiere renunciar a sus encuentros frecuentes con otras mujeres. Teresa, por su parte, pasa por alto las infidelidades de Tomás con tal de generar un vínculo inseparable, auténtico. Ambos están dispuestos a responsabilizarse de su manera de enfrentar la vida.

Sin embargo, fuera de la novela, el incesante desarrollo tecnológico limita la decisión, lo efímero manda, el compromiso es aborrecido y el apego símbolo de debilidad. Lo digital nos obliga a la inmediatez, a lo efímero.
En la actualidad, la sociedad ha sido orillada a consumir y desechar con una velocidad que vuelve todo pasajero, desde una noticia, una emoción, una relación, una persona, hasta una problemática social. Vivimos regidos y sumergidos por las tendencias, no nos detenemos a cuestionar nuestra forma de actuar.
Y es que, lo digital no solo afecta cómo nos relacionamos con el entorno, sino cómo pensamos. El pensamiento crítico queda delegado y la experiencia humana se vuelve superficial.
La identidad ya no solo parte de la historia individual e imborrable de cada uno, a través de las pantallas, las personas nos volvemos editables, quitándole peso a nuestras experiencias.
La libertad por medio de la cultura digital se vuelve paradójica, pues nos encasilla, la búsqueda de la autodeterminación nos ha llevado a nuevas formas de escalvitud, como la aceptación en las redes sociales o la dependencia de la interacción virtual.
Una de las advertencias que deja Kundera es que una vida excesivamente ligera, sin responsabilidad ni arraigo, es propensa a volverse insoportable. Sin embargo, ninguno de los dos caminos que plantea son cuestionables, no se trata de si es preferible la levedad o el peso. Se trata de ser consciente de la decisión que tomemos. Por esto, que la tecnología nos obligue a la levedad e inmediatez es inaceptable.

