Encuentro de Arte Decorativo y Utilitario: el margen como centro

El Encuentro de Arte Decorativo y Utilitario, celebrado en el Complejo Cultural Los Pinos, reunió más de 30 mil piezas de gran significado cultural. En este evento convergieron lo bonito y lo funcional: la belleza no es superficial, sino parte del uso, y lo práctico no resta ni profundidad ni expresividad.

Las obras, expuestas con fines comerciales y educativos, fueron creadas por 250 artistas provenientes de 28 estados de México, en representación de 23 culturas originarias. Desde hamacas de Quintana Roo hasta coritas (canastas) de Sonora, la riqueza cultural del país se desplegó como una narrativa visual de identidad.

Una de las secciones del evento estuvo dedicada al barro como material principal. Nombrada Casa de barro I en el mapa oficial, esta zona se localizó dentro del Pabellón Cencalli, reconocido por su fachada de vidrio. En el interior, distintas mesas exhibieron las obras de diversos artistas y colectivos. 

Los nombres de las personas responsables aparecían en rótulos sobre cada puesto, donde también se encontraban los autores, sus familiares o representantes, compartiendo detalles sobre el proceso, el contexto y el sentido de su trabajo.

Uno de los puestos presentó el trabajo de Rafael Márquez Rojas, originario de Tzintzuntzan, Michoacán. 

Foto: Oswaldo Pérez

Tres de las piezas llamaban especialmente la atención. A la derecha, platos de barro con vidriado verde mostraban un delicado motivo con el perfil de un pato. A la izquierda, cafeteras decoradas con sobrios trazos de grecas —en blanco y verde— equilibraban funcionalidad y estética contenida. Al centro, una vasija presentaba un diseño más complejo, con peces y redes que evocaban una narrativa acuática en movimiento.

Según explicó Márquez, los dibujos de peces y patos surgieron de una nostalgia personal por la Riviera de Pátzcuaro, una zona anteriormente cruzada por un río en el que habitaban estas especies, antes de que los cauces se secaran. Las grecas, por su parte, rendían homenaje a los vestigios purépechas que aún rodean la periferia de la localidad.

Foto: Oswaldo Pérez

La posibilidad de conocer el trasfondo de este tipo de arte, a menudo trivializado o marginalizado, permite desarrollar una sensibilidad crítica hacia expresiones que, de otro modo, podrían marchitarse como una flor solitaria. 

Desde una perspectiva antropológica, el evento permitió analizar la producción artística como una expresión en la que la supuesta frontera entre arte y artesanía revela una tensión cultural, profundamente enraizada en la historia colonial y en los discursos estéticos dominantes.

Piezas como las presentadas por Márquez suelen ser vistas como objetos pintorescos antes que como manifestaciones de sentimiento e ingenio. Esto abre la pregunta: ¿somos realmente conscientes del poder social y artístico que habita en estas creaciones?

El uso extendido del término “artesanías” contribuye, en muchos casos, a esa desvalorización. Aunque se trata de una categoría ampliamente normalizada, suele asociarse con una supuesta falta de sofisticación, bajo estándares estéticos eurocéntricos. Esta lectura minimiza la complejidad técnica, simbólica y estética de obras que raramente se conciben como dignas de una galería.

Es cierto que algunas comunidades reivindican la palabra “artesanía” por su vínculo con la memoria, el legado, la cosmovisión, el simbolismo, la resistencia cultural, el patrimonio y la pertenencia. Pero también es verdad que, en contextos turísticos, dinámicas de mercado y políticas culturales estatales, el término ha sido instrumentalizado para marcar una distancia jerárquica entre estas expresiones y aquellas legitimadas como arte.

Llamar “artesanos” a quienes crean este tipo de piezas puede parecer inofensivo, pero no lo es. Estos creadores preservan memorias, imaginan mundos disidentes y dan testimonio de otras formas de habitar y transformar la vida cotidiana. Son artistas en el sentido más pleno del término. Su habilidad creativa rivaliza —y a menudo supera— la de lo que suele celebrarse como arte.

Eventos como este no solo ofrecen un escaparate para el trabajo de cientos de creadores, sino que también nos invitan a cuestionar y ampliar nuestras nociones de valor

Al poner en primer plano lo que con demasiada frecuencia se relega a los márgenes, el Encuentro de Arte Decorativo y Utilitario permite reconsiderar, como mexicanos, qué formas de arte decidimos honrar, preservar y transmitir. En ese gesto colectivo, hay una oportunidad para replantear nuestros marcos de referencia, no solo estéticos, sino también éticos y políticos. Se trata de escuchar con atención, desde el corazón.

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