El traslado obligatorio de las operaciones de carga aérea del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) ha generado fricciones entre el gobierno de México y diversas aerolíneas, especialmente las estadounidenses. La administración Trump dijo el sábado que tomará medidas.
Desde la perspectiva de Estados Unidos, la medida representa una afectación directa a sus aerolíneas de carga, que han denunciado la decisión como abrupta, arbitraria y contraria a acuerdos bilaterales de aviación, sobre todo, el Acuerdo de Transporte Aéreo firmado en 2015.
Alegan que el AIFA presenta menor demanda, conectividad limitada y retos logísticos importantes, lo que deriva en mayores costos operativos, dificultades en la integración de rutas y una reducción en la eficiencia general de sus operaciones.
Para estas empresas, adaptarse a un aeropuerto con menos infraestructura y conexiones internacionales implica reestructurar sus cadenas logísticas, alterar horarios y redirigir recursos, lo que ha sido interpretado como una imposición poco consultada y perjudicial.
Joe Biden and Pete Buttigieg deliberately allowed Mexico to break our bilateral aviation agreement.
That ends today.
Let these actions serve as a warning to any country who thinks it can take advantage of the U.S., our carriers, and our market.
America First 🇺🇸 pic.twitter.com/b0pvqmkHwk
— Secretary Sean Duffy (@SecDuffy) July 19, 2025
El secretario de Transporte, Sean Duffy, dijo en un comunicado que el departamento podría desaprobar las solicitudes de vuelos de México si el gobierno no aborda las preocupaciones de Estados Unidos.
Del lado del gobierno mexicano, la reubicación responde a una estrategia más amplia orientada a descongestionar el AICM, que opera al límite de su capacidad, y al mismo tiempo impulsar el desarrollo del AIFA como una alternativa funcional en la zona metropolitana.
Desde esta óptica, centralizar las operaciones de carga en el AIFA es un paso necesario para mejorar la eficiencia aérea general en el país y aprovechar la infraestructura subutilizada del nuevo aeropuerto.
México sostiene que la decisión es soberana y busca equilibrar el uso del espacio aéreo en beneficio del sistema aeroportuario nacional.
El traslado del AICM al AIFA genera un choque entre ambas posturas que ha escalado a nivel diplomático y comercial, alimentando una discusión más amplia sobre los límites de las decisiones nacionales en un entorno global interconectado.

