A una semana de la tragedia ocurrida de la explosión de pipa de gas en Iztapalapa, inicialmente tuvo un conteo de 0 muertes y aproximadamente 30 heridos, ahora cuenta con casi 100 victimas y 29 muertes. Al principio los sobrevivientes que fueron un milagro, ahora se convierten en vidas tomadas por un accidente prevenible.
Después del trágico evento la semana pasada, 90 personas fueron hospitalizadas, muchas fueron trasladadas a diferentes hospitales alrededor de la Ciudad de México, en diversos se enfrentaron con problemas como la falta de donativos de sangre, falta de material sanitario y quirúrgico, y llegó a haber problema identificando a las víctimas.
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Varias de las víctimas de la explosión de la pipa de gas que sobrevivieron al accidente, por ejemplo Alicia Matías o el mismo conductor, no lograron ser dadas de alta del hospital. Las lamentables muertes de decenas de personas se están empezando a reflejar en las cifras actualizadas de manera diaria por los periódicos.
Las quemaduras que sufrieron las personas no solamente fueron graves, sino que su tratamiento es complicado, entre la calcinación de prendas de ropa y accesorios con los que cargaban las personas al momento del accidente, y el haber estado expuestos al aire contaminado y superficies no sanitizadas, aumentaron las posibilidades de que sus frescas heridas fueran infectadas.
Cuando se sufre de una quemadura, los vasos sanguíneos producen un líquido filtrado que ayuda a combatir a los gérmenes y bacterias del exterior para proteger al organismo, de manera paralela, este proceso causa inflamación en el cuerpo. No obstante, en el caso de que las quemaduras abarquen una superficie grande, la lesión es más grande y tienden a ser más propensos a infecciones porque el cuerpo no se puede defender de tantos microorganismos.
Además de las quemaduras permanentemente afectar sus vidas, otro tema poco hablado es los futuros problemas respiratorios que pueden desarrollar. El monóxido de carbono reemplaza el oxígeno dentro de la sangre, sus efectos pueden variar desde dolores de cabeza y náusea, hasta somnolencia y la muerte.
Los efectos duraderos de respirar monóxido de carbono por tiempo prolongado o en gran cantidad, puede causar daños permanentes al cerebro y corazón. Por ejemplo, el corazón, al no estar transportando suficiente oxígeno en la sangre, tiene que trabajar y esforzarse más, causando daño cardiaco.
Por otra parte el cerebro sufre de daño celular, reduce la producción de la principal fuente de energía para el cerebro, puede también hacer que las personas pierdan el control muscular y llevarlos a un coma.
El evento marcó un antes y después en México y en los mexicanos. La empatía demostrada con ayudas, donaciones y trabajos voluntarios, nos recuerdan que en los peores y trágicos momentos, los mexicanos pueden trabajar unidos, y así calmar la tristeza colectiva con acciones.

